Bodega Altos del Terral


  • D.O.: D.O. Ribera del Duero
  • Hectáreas: 2 ha.
  • Producción: 5.000
  • Uvas: Tinto fino
  • Experto: Isabel Palomar

“Este, sin duda, es el principio”.
Esta es la historia de un amor a primera vista… amor entre una enóloga y una viña.
Isabel Palomar llegó a la Ribera del Duero en 1999 después de estudiar Enología en Burdeos. En un pequeño rincón burgalés llamado La Horra encontró unas tierras de viña vieja de las que inmediatamente se enamoró. Era fácil querer aquel terruño en el que las uvas nacen con una calidad exquisita. Dos hectáreas de viñas con 80 años de antigüedad y con una orientación y altitud inmejorables.
Aquí comenzó toda una aventura profesional y personal con el sueño de hacer un vino fino, elegante, con una gran potencia y complejidad aromática, pero que en boca no resultara pesado o agresivo y que mantuviera el precioso color típico de la Ribera del Duero.
“Todo el mundo me decía que hacer un vino con la elegancia de la borgoña francesa utilizando uva cien por cien Tempranillo no era nada fácil y sonreían”. Isabel Palomar.
Con fe ciega en esta uva, Isabel compró un cono de madera francesa para hacer la fermentación alcohólica de la primera vendimia 2008. Después de 10 días de pre-fermentación en frío, por debajo de 10 grados, comenzó la fermentación a temperatura controlada, gracias a la levadura autóctona de la viña,  con remontados y bazuqueos constantes, siempre mimando la extracción de un tanino noble y elegante.
Tras el descube, el vino pasó a barricas nuevas francesas, escogidas por los matices que cada una de ellas aportaría al vino, para hacer la fermentación maloláctica.

Después de esta segunda fermentación, se trasegaron las barricas conservando la lía fina para hacer un batonage diario, durante seis meses, lo que aportó al vino elegancia en boca y complejidad aromática.

Se hizo un nuevo trasiego y, ya sin lías, continuó su crianza con relleno y cata semanal, hasta que consideró que hubo el equilibrio perfecto entre madera y fruta.
Finalmente, en Enero de 2010 se embotellaron 3162 botellas del primer vino: Altos del Terral T1, cosecha 2009.
Este solo era el principio de un gran proyecto porque después nacería Altos del Terral Cuvee Julia. Un vino que no podía elaborarse todos los años, debido a la gran influencia de la climatología en la uva. Así, nació un cuveé especial que únicamente sale los años excepcionales.
“Hoy creo que he conseguido un gran vino, con unas características especiales, que permiten disfrutarlo en el momento, pero que también tiene una longevidad especial”. Isabel Palomar.

El viñedo de los Altos del Terral cuenta con más de ochenta años de historia. Su orientación Norte-Sur, en un alto a casi 900 metros de altitud y favorecido por las corrientes de aire, protegen a estas tierras de las enfermedades típicas de la zona.
Con el paso del tiempo, su dueña descubrió que dentro de esta parcela tan especial, se podía diferenciar dos tipos de suelo. El primero, más arcilloso y húmedo, más fresco y más rico.

El segundo, más arenoso, más pobre y austero.

Así, a partir del año 2009, comenzó a elaborar por separado las uvas de los distintos suelos, dando lugar a dos vinos diferentes. Del primer suelo salió Altos del Terral T1. Vino muy fino y elegante, estructurado y armónico.
Con el segundo suelo, Isabel concentró todos sus esfuerzos en un vino más complejo, tánico y estructurado, pero sin perder la elegancia y decidió elaborarlo con una nueva filosofía. Así nació Altos del Terral Cuveé Julia. Un vino con color cereza picota, toques especiados como la canela, el cuero, el tabaco, la trufa y el regaliz negro. En boca, es un vino complejo con una redondez exquisita y taninos dulces que envuelven el paladar.

Para este Cuveé Julia, aposté por una barrica especial, con 60 meses de secado natural, en la que reposa el vino durante 24 meses, antes del embotellado.
Un año después, en el año 2010, se decidió a producir Altos del Terral Crianza, un vino producido 100% con la Tempranillo de un color intenso morado, con aromas frutales de moras y sotobosque propios de la madera francesa en la que ha envecido durante su crianza. En boca, entra con sutileza, redondo paladar y amplio postgusto dejando sensaciones de fruta madura y tanino elegante.

“Mis vinos son la muestra de la importancia de los suelos, pues cada micro-parcela es un mundo por descubrir”. Isabel Palomar