Bodegas Rodero


  • D.O.: D.O. Ribera del Duero
  • Hectáreas: 120 ha.
  • Producción: 800.000
  • Uvas: Tinto fino |
  • Experto: Carmelo Rodero / Beatriz Rodero / Joan Milà


Bodegas Rodero es un ejemplo de la unidad, la sencillez y el esfuerzo de una familia, liderada por Carmelo Rodero.

Es por ello que, como ellos afirman, desde el año 1990, en Bodegas Rodero tienen una única receta para elaborar sus vinos: el mimo.

Un mimo que se refleja en su trabajo diario, en sus caldos, en sus cepas y en todos los procesos de elaboración, respetando los tiempos que cada fase requiere resultando así unos vinos redondos, elegantes, estructurados y potentes.

Porque como el mismo Carmelo Rodero afirma: ‘hay que trabajar mucho, entregarse de lleno, y el secreto está en querer hacer las cosas bien desde el principio. No entiendo porqué cuesta tanto esfuerzo cuando el tiempo empleado en ejecutar bien o mal es idéntico, con una sola diferencia, que si lo haces mal luego hay que subsanar el error. Al final, hay que trabajar el doble…’

Y es que Carmelo disfruta trabajando, y además lo hace con el mejor equipo posible: sus hijas Beatriz y María, encargadas hoy de recoger el testigo de más de dos décadas al frente de las bodegas.
Carmelo ha dejado una huella personal desde su parte más creativa que, tras años de perseverancia y tenacidad, ha conseguido hacer realidad con la ampliación de la bodega que previamente, y durante mucho tiempo, él había bosquejado.

Emplazada en Pedrosa de Duero, al sur de la provincia de Burgos, en el centro de la D.O. de Ribera de Duero, Bodegas Rodero elabora sus vinos con uvas procedentes de sus viñedos, plantados con el clon más puro de Tempranillo, Tinto Fino, que ha sido injertado en todos los viñedos de la familia.

Éstos, situados a una altitud entre los 750 y los 850 m, sobre terrenos arcillosos y calcáreos en menor medida, pobres en materia orgánica y ligeramente alcalinos, cuentan con 120 hectáreas de Tinto Fino, Merlot y Cabernet Sauvignon.

Se encuentran bajo el influjo del clima continental, con influencia atlántica. Sus inviernos son largos, fríos y húmedos, y sus veranos cortos, secos y muy calurosos.
Las precipitaciones son escasas, con medias anuales que no superan los 500 l/m², concentradas especialmente en primavera y otoño.
La insolación, es alta, alcanzando medias anuales de 2.200 horas de sol.
El río Duero favorece las neblinas y brumas matinales convirtiéndose en una fuente adicional de humedad.

En Bodegas Rodero conocen sus viñas desde hace más de 40 años y escuchan sus necesidades respetando sus ciclos vegetativos, llevando a cabo una agricultura ecológica sin fertilizantes ni herbicidas químicos, porque ‘para hacer buen vino hay que ser un buen viticultor… Hay que dejar que la viña se exprese, que te pida…’

Y es que en Bodegas Rodero, además de cuidar mucho la vid, llevan a cabo un meticuloso trabajo vinificando sus vinos por parcelas sin interferir en los procesos naturales y gestionan sistemas innovadores, como la elaboración por gravedad con el que logran extraer el máximo potencial de sus uvas sin ningún mecanismo de bombeo.
Otra de sus innovaciones son las aspas especiales del pistón con el que se hace el Pillage. De esta forma se consique que el pistón se sumerja suavemente en el mosto.

Con unos viñedos de producción limitada, su capacidad de elaboración es de 600.000 litros anuales.


Carmelo Rodero fundó Bodegas Rodero en el año 1990.

Rodero pertenece a la cuarta generación de una familia de viticultores, en la que sus abuelos elaboraban el vino en lo antiguos y clásicos lagares, hasta que fundaron la Cooperativa Vinícola de Pedrosa de Duero.

Inicialmente Rodero comenzó cultivando las viñas familiares hasta que, unos años más tarde, se desvinculó de ellas para vender sus uvas, procedentes de 50 hectáreas de viñedo propio, durante 14 años a las míticas Bodegas Vega Sicilia.

Fue en el año 1990 cuando, apostando por el futuro y la calidad de su materia prima, consciente de que es la clave de un buen vino, inició su propia andadura.

Desde entonces, sus vinos son el mejor embajador de esta calidad con la obtención de premios y galardones tanto nacionales como internacionales.

El inicio de la bodega fue el viñedo: se fueron adquiriendo terrenos, siempre en el entorno de Pedrosa de Duero y plantándolos de viña en sustitución del cereal, llegando en la actualidad a una superficie de 120 hectáreas de viñedo.

Desde la fundación de la bodega, Carmelo ha tenido siempre el apoyo incondicional de su esposa e hijas, Beatriz y María, quienes hoy están vinculadas al proyecto, siendo la mayor, Beatriz, quien ha heredado la pasión de su padre por la viña y el vino.
Es Beatriz quien, habiendo estudiado Ingeniería Agrícola, especialidad en viticultura, y Enología por la Universidad de Burdeos, se encarga de la dirección técnica de la bodega.