Pago de Carraovejas


  • D.O.: D.O. Ribera del Duero
  • Hectáreas: 160 ha.
  • Producción: 750.000
  • Uvas: Tinto fino | Tempranillo | Cabernet Sauvignon | Merlot
  • Experto: José María Ruiz


Pago de Carraovejas nace de un gran sueño: crear unas instalaciones y un viñedo irrepetibles en un lugar único, siempre en busca de la calidad, la vanguardia, y el respeto por lo tradicional, con la intención de ofrecer expresiones que perduren en el recuerdo.
Finca y bodega, tradición e innovación, fruta y madera, son la esencia del equilibrio que la mantiene en continua evolución.

Y como ilusión que nace de las personas, Pago de Carraovejas se hace posible y crece gracias a un equipo formado por más de 40 personas que, desde el compromiso y la exigencia, trabajan a diario en todos los procesos con el fin de conseguir la mejor materia prima y elaborar vinos de alta calidad con el sello Pago de Carraovejas, haciendo que el mayor activo para esta empresa sea su equipo humano.

El conjunto de sus instalaciones, supera los 26.000 m2, se localiza en Peñafiel, en la provincia de Valladolid, en la Comunidad Autónoma de Castilla y León, al amparo de la D.O. Ribera del Duero.
La finca, se sitúa en un lugar estratégico, en un cruce de ríos, y bajo la protección del castillo de Peñafiel y del cerro en el que se ubica, frente a los fríos vientos del Norte y las nubes de granizo.

Así goza de un microclima en el que se conjugan los efectos dulcificadores del Duero, los vientos dominantes del Oeste, que favorecen la buena sanidad de la uva, y la orientación Sur de sus laderas de suaves pendientes, protegidas del dañino viento del norte, así como de las heladas primaverales.
Y es aquí donde se consigue lo que necesita un buen viñedo: sol y aire.

Sus 160 hectáreas de viñedo, situadas a una altitud media de 850 m, se encuentran bajo el influjo del clima continental con bajas precipitaciones, entre 300 y 400 mm al año. Sus inviernos son largos, fríos y húmedos con temperaturas de hasta -10ºC, y sus veranos cortos, secos y muy calurosos, con máximas por encima de los 40ºC, en los que, gracias a las bajas temperaturas con las que despiertan las cepas cada mañana, y la pronunciada oscilación térmica, que palian los calores estivales, se garantiza un toque especial a estas cosechas que año tras año aportan forma y color a sus vinos.

Los tres tipos de suelos predominantes, las tres variedades de uva seleccionadas, Tinto Fino, Cabernet Sauvignon y Merlot, y los tres sistemas de cultivo, Doble Cordon Royat, vaso vertical y terrazas en viticultura de montaña, son los que definen el ‘terroir’.
Éstos, sumados a la viticultura de precisión, llevada a cabo con mimo y exhaustiva precisión, son los grandes pilares en los que se sustenta el éxito y la personalidad de sus vinos y definen el sello ‘Pago de Carraovejas’.

La continua inversión en investigación e innovación es un rasgo ya inseparable de la genética de Pago de Carraovejas, que ha hecho posible que, gracias a un estudio I+D+I, se fermente la uva con levaduras y bacterias autóctonas propias de la finca, únicas y originales, seleccionadas expresamente para desarrollar al máximo el potencial cualitativo del vino resultante, de acuerdo con el tipo particular de elaboración.

Sus vinos, se elaboran con las técnicas más avanzadas y con un profundo respeto por los procesos naturales desde su cultivo hasta el embotellado. Es por ello que son vinos de singular sensibilidad.

En los últimos años, Pago de Carraovejas ha puesto en marcha sistemas de gestión basados en la política de calidad de la empresa, que han desembocado a día de hoy en un giro definitivo hacia la integración de los sistemas de gestión con el fin de abarcar sus tres áreas fundamentales: Calidad, Medio Ambiente y Responsabilidad Social y Empresarial, siendo la calidad el eje transversal, apoyándose en una gestión eficiente.

El resultado de todo ello es haberse convertido en referente de máxima calidad elaborando un vino singular, con personalidad propia y carácter capaz de transmitir sensaciones procedentes de su aromas altamente expresivos, de su color intenso y su sabor carnoso.
Vinos sabrosos, elegantes, dóciles y vigorosos que son una experiencia rica en matices que los hace perdurar en el tiempo.


En los años 70, José María Ruiz, joven segoviano lleno de inquietudes y curiosidades, fue llamado para representar a España en el Primer Concurso Mundial de Sumilleres, celebrado en Milán.

A pesar de que en los años 70 la cultura vitivinícola en España no gozaba del prestigio y reconocimiento con los que ahora cuenta, José María Ruiz obtuvo, junto con Pedraza, el quinto puesto entre más de 60 países.

Fue éste el germen que movió a José María a formarse y conocer en profundidad el proceso de elaboración del vino y su degustación, que más tarde dio paso a la materialización de su ilusión: el nacimiento de su restaurante, Restaurante José María Ruiz, en Segovia, en el año 1982, y en el que se cuidaba al máximo la presentación y el cuidado del servicio del vino.

Su ilusión materializada evolucionó hacia una nueva idea cuando surgió el sueño de un vino diferente que fuera el gran aliado del cochinillo, su plato estrella.
Esta inquietud lo llevó a profundizar en las tierras y los vinos que existían en la zona, sin perder de vista que su sueño era elaborar el suyo propio.
Es en 1987 cuando un grupo de segovianos amantes del vino encabezados por José María Ruiz concibió crear una bodega en una buena zona de vinos tintos.
El lugar elegido fueron las laderas de Carraovejas, en Peñafiel, debido principalmente a tres motivos: ser el gran centro histórico de los vinos de la Ribera del Duero y la zona con más futuro de los vinícola de España; su proximidad geográfica a Segovia; y, el más importante, las laderas de Carraovejas eran recordadas por los mayores del pueblo como el mejor maduradero de la Comarca como numerosos estudios demostraban.

A todo ello le añadieron un componente de calidad y vanguardia con el fin de optimizar las condiciones favorables de la zona siendo pioneros en la utilización de roble francés para la crianza en la Ribera del Duero y en instalar riego por goteo en toda la finca.

En 1991, llegó la primera cosecha de 70.000 kilos que dieron las 25 primeras hectáreas en producción.

En los años siguientes, viña y bodega irían aumentando en sucesivas ampliaciones a través de un continuo, pausado y meditado crecimiento, regido siempre por el criterio de no perder ni un ápice de calidad, alcanzándose actualmente las 160 hectáreas.
En la actualidad,salen anualmente al mercado nacional e internacional una media 750.000 botellas.

Cuenta con más de 14.000 metros cuadrados de modernas instalaciones donde se unen tradición y vanguardia, con las más modernas tecnologías y un profundo respeto por los procesos naturales, buscando siempre la mejora continua a través de la inversión en diferentes proyectos de investigación, desarrollo e innovación.

Hoy, siguen ampliando las plantaciones en la zona buscando mejorar y adaptar el cultivo año tras año, por medio de una selección clonal consiguiendo así una excelente materia prima para conformar los caldos.