Bodegas Pago de los Capellanes


  • D.O.: D.O. Ribera del Duero
  • Hectáreas: 100 ha.
  • Producción: 800.000
  • Uvas: Tempranillo
  • Experto: Paco Casas


Pago de los Capellanes se ha convertido en un símbolo de la calidad de los nuevos vinos de la D.O. Ribera de Duero
, tintos de marcado carácter castellano, elegantes y estructurados, de gran potencial frutal y exquisito bouquet. Caldos persistentes y llenos de matices.
Vinos con alma, que hablan.

Pago de los Capellanes, cuya historia se remonta al clero del entre los siglos XIII y XIV, ha sabido reinventarse, de la mano del matrimonio formado por Paco Rodero y Conchita Villa y el excepcional equipo que les acompaña, modernizando técnicas de cultivo e instalaciones, y ampliando sus viñedos hasta las 100 hectáreas.

La bodega, proyectada por el arquitecto Jesús Manzanares en colaboración con la hija del matrimonio, Estefanía Rodero, también arquitecto, tiene su kilómetro cero en la preservación de ocho nogales centenarios, alrededor de los cuales y conformando un patio alrededor de éstos, se distribuyen los diferentes edificios de la bodega destinados a cada una de las fases de elaboración, que fueron completados y ampliados en sucesivas fases con el paso de los años.
La totalidad de la bodega se integra en el paisaje natural que lo envuelve a través de un continuo y fluido manto de hiedra, enriquecido con la majestuosidad de los nogales centenarios situados en el centro.
Cada uno de los edificios ha sido tratado formalmente de acuerdo a la actividad que en él se desarrolla.
Así, la bodega, a diez metros bajo tierra, logra, mediante su estructura de aros de hormigón visto, la atmósfera de respeto, calma, misterio y recogimiento que envuelve la crianza de los vinos.

Con el paso de los años, en Pago de los Capellanes han llevado a cabo una selección clonal a partir de unas pocas cepas iniciales de gran calidad.
Así, las plantas que mejor se han adaptado al terreno y a la climatología se han escogido para obtener una amplia variedad de parcelas.

Situada en Pedrosa de Duero, en la provincia de Burgos, al amparo de la D.O. Ribera del Duero, sus 100 hectáreas de viñedo se reparten en 35 parcelas de Tinto Fino, Cabernet, Sauvignon y Merlot.

Cada una de ellas recibe un cuidado personalizado según sus características para obtener de ella los mejores frutos para cada elaboración.

Éstas, bajo el influjo del clima continental, con inviernos rigurosos y de frecuentes heladas, en los que las temperaturas pueden descender hasta los 10°C bajo cero, pudiendo llegar ocasionalmente a los 20°C bajo cero, y una pluviometría anual baja, de 300 a 550 l/m² al año, se sitúan a una altura media de entre 750 a 1.000 metros.
La insolación, que oscila entre las 2.200 y las 2.800 horas anuales, y los veranos templados y secos, propician la excelente calidad del fruto.

Asimismo, la gran amplitud térmica día-noche de 20°C las semanas anteriores a la vendimia, favorece la maduración de los racimos, potenciando su grado alcohólico, el color y los taninos, además de ayudar a mantener una acidez muy equilibrada.

El proceso de crianza se lleva a cabo en la bodega subterránea a 10 metros de profundidad. Allí reposan los vinos de uno tres años en barricas nuevas de roble francés hasta que alcanzan la madurez óptima para su mezcla o coupage.
Una selección de 22 tipos de roble francés según su origen (Alier, Nevers, Centro) secado al aire libre (de 24 a 60 meses) y tostado, ayudan a envejecer el vino.

La producción reducida permite el estricto control de la calidad del fruto obtenido y la trazabilidad de los vinos, con una producción anual de 800.000 botellas de vino.


La historia de Pago de los Capellanes tiene su origen en la parroquia de Pedrosa de Duero, donde el clero ofrecía misas y oraciones a cambio de pequeñas parcelas de terreno. Con el tiempo, la capellanía llegó a tener un extenso pago.

Con el traspaso de las tierras al ayuntamiento en 1855, junto con otros bienes del clero, durante la amortización de Mendizábal para sufragar la deuda del estado, y su posterior venta, un pequeño viñedo que durante años se siguió trabajando, llegó a manos de la familia Rodero Villa que en 1996 fundó las bodegas Rodero-Villa.
Hoy, la bodega se conoce como Pago de los Capellanes.

La edificación de la bodega, llevada a cabo en distintas fases, se inició en el año 1996 con la construcción de la zona de recepción de la uva y los depósitos de la fermentación.
En sucesivas etapas se fueron completando la sala de crianza, la zona de embotellado y expedición, hasta terminar las instalaciones con el edificio destinado a las visitas en el año 2010.


La bodega de Pago de los Capellanes, ideada por Jesús Manzanares, es el perfecto paradigma de la evolución que el sector vinícola está experimentando en nuestro país.

Jesús Manzanares es el alma mater y director de un estudio de arquitectura con oficinas en Madrid y Jávea.
Licenciado en 1986 por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, ha desarrollado y desarrolla en la actualidad multitud de proyectos de viviendas y edificación.

Sin embargo son los proyectos de más envergadura los que le han hecho más conocido.
Proyectos como la rehabilitación integral del Balneario de Panticosa en colaboración con el portugués Álvaro Siza y el navarro Rafael Moneo, diversos hoteles y, en especial, algunas de las bodegas más importantes tanto en España como en el extranjero.

Algunas de estas bodegas como Enate, Álvaro Palacios, Losada Vinos de Finca, Aalto, y Mauro, han confiado en Jesús Manzanares para la construcción de sus bodegas, comprendiendo que la modernización del sector y un nuevo concepto de viticultura y enología, pasan también por la renovación arquitectónica, convirtiéndose así estas bodegas en auténticas ‘catedrales del vino’.

El secreto de sus proyectos, siempre basados en la funcionalidad, está en el uso de los materiales que evocan la tierra, el aire y la luz para conseguir una verdadera inmersión en la naturaleza a la vez que optimiza el uso de los recursos naturales.

PRODUCTOS DE LA BODEGA