Abadal Picapoll 2014 Zoom Abadal Picapoll 2014 Wrapper
  • Bodega: Abadal
  • D.O.: D.O. Pla de Bages
  • Uva: 100% Picapoll



Color: amarillo pálido con reflejos plateados y pajizos.

Nariz: muy fresco, con notas florales y de frutos ácidos sobre fondos de albaricoque y miel.

Boca: resulta estructurado y amplio con una acidez amable, donde se funden los aromas con recuerdos de terroir.

Armonias:

Muy recomendable para acompañar con pescados a la planxa o al vapor muy suaves, sin salsas.

Se recomienda servir a una temperatura de entre 8ºC. y 10ºC.

  • Bodega:
    Abadal
  • Año:
    2014
  • Graduación:
    13.5
  • Producción:
  • Vendimia:
    Vendimia realizada a mano.
  • Vinificación:

    La recuperación de variedades autóctonas, apuesta por la identidad de una zona vinícola. Mantener la diversidad de variedades y sensaciones como respuesta de la tierra a la estandarización.


  • Crianza:
    13.5

Abadal



En Abadal trabajan para ofrecer vinos que expresen la singularidad de la tierra en la que nacen y el trabajo de la gente que la habita.
Así, nace un firme compromiso con la identidad de esta tierra y sus gentes en que se funden la tradición viticultora de más de ochocientos años de una dinastía que ha mantenido el apellido a lo largo de los siglos -Roqueta-, y la apertura a la nueva enología en toda su amplitud.

Emplazamiento
Bodegas Abadal se emplaza en la pequeña villa de Horta d’Avinyó, en el municipio de Avinyó, en la comarca del Bages, situada en la parte oriental de la cuenca del río Ebro, entre las Catalánides y el Pirineo.
La comarca, en la Cataluña central  y cuya capital es Manresa, en la provincia de Barcelona y limítrofe con la de Lérida, es una de las más extensas de Cataluña y cuenta con una sólida historia viticultora desde los tiempos de los romanos.
La bodega, en unos terrenos próximos a la Masía Roqueta, casa nodriza del grupo familiar de bodegas -Roqueta Origen- y con una historia de más de nueve siglos ligada a la viticultura, ocupa el Mas Masia Oliveras, una finca enclavada en un bello paraje y rodeada de espesos bosques que se funden con las extensas viñas. Diseminadas por la propiedad y escondidas entre el follaje, viejas barracas de piedra, patrimonio cultural de la comarca, son testimonio mudo de la tradición de la viña en esta tierra.

Instalaciones
Para la elaboración de vinos, Abadal cuenta con la última tecnología vitivinícola.
La bodega tiene instalados un total de 30 depósitos de acero inoxidable con una capacidad total de 550.000 litros para la fermentación y 8 depósitos de bazuqueo para la vinificación de tintos.
La nave de crianza, con una superficie de 1.680 m², alberga 1.102 barricas de roble, con una capacidad total de casi 250.000 l., repartidas en un 70% de roble francés, un 24% de roble americano y un 6% de roble centroeuropeo.
Además del moderno equipamiento de la bodega, las instalaciones de Abadal, en medio de una exuberante naturaleza, cuentan también con equipamientos destinados al enoturismo así como con un rico patrimonio cultural e histórico.

Viñedos
Conviviendo viña y bosque, los viñedos de Abadal crecen sobre terreno boscoso y rodeados de pinos, robles, encinas y plantas aromáticas.
Abadal cuenta con 127 hectáreas plantadas, de las cuales 70 son propias y 50 controladas directamente por la bodega de las variedades foráneas Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon, Sauvignon Blanc, Chardonnay, Merlot y Syrah, y las autóctonas Macabeo y Picapoll, esta última, plantada solo en la D.O. del Bages.

Clima y suelos
A una altitud de entre 200 y 500 metros sobre el nivel del mar, los viñedos de Abadal, sobre suelos francos arcillo-calcáreos, se sitúan bajo el influjo de un microclima singular, marcado por los contrastes y la influencia de un clima continental Mediterráneo de media montaña, caracterizado por una escasa pluviometría y una gran oscilación térmica.

Vinos
Fruto de estas condiciones, que aportan intensidad a la fruta y excelente calidad en los vinos, nacen los vinos de Abadal. Tintos complejos e intensos, que, a pesar de su concentración son elegantes y frescos, y singulares blancos de marcada identidad, todos ellos impregnados de las notas balsámicas de las plantas aromáticas -lavanda, tomillo, romero-  que pueblan los bosques de pinos, robles y encinas que rodean las viñas.
Sus blancos elaborados en mayor o menor medida con la variedad autóctona Picapoll, única zona de España en la que se cultiva, son afrutados, de aroma fresco y espléndida textura y personalidad.

Producción
La producción media anual Abadal es de 300.000 botellas.

La denominación y su historia
La tradición vinícola de la Denominación de Origen Pla del Bages, situada en la parte oriental de la cuenca del río Ebro, entre las Catalánides y el Pirineo, es tan antigua como la historia misma de la región.
Así, el cultivo de la vid en la denominación se remonta a la época del Imperio Romano con el asentamiento de los primeros pobladores, entre el año 27 a.C. y el siglo V d.C.
El manuscrito medieval  “Miracula Sancti Benedicti” sugiere que Bacus, el dios pagano del vino, puede ser el origen del nombre de la comarca: de Bacus, Bacasis y de Bacasis, Bages.
Desde sus orígenes, el cultivo de la viña en el Bages ha sufrido altos y bajos según el contexto histórico-político del momento.
De esta forma, el fin del Imperio Romano relegó la viticultura prácticamente al autoconsumo y la conquista musulmana de la Península (711-1492) estuvo a punto de provocar el abandono total del cultivo de la vid.
Con la repoblación cristiana en la Edad Media, grandes plantaciones de viñedo fueron imulsadas, en la mayoría de los casos, por órdenes religiosas.
Durante los siglos posteriores y a pesar de hambrunas, pestes y guerras, la superficie de viñedo fue creciendo hasta llegar a ocupar entre un 72% y un 90% de la superficie del territorio en los siglos XVI y XVII.
A mediados del siglo XIX la viticultura vivió en Cataluña su época dorada gracias al hecho de que la filoxera había diezmado  los cultivos en otra zonas. Sin embargo, ésta no tardaría en llegar a la región: en 1980 la filoxera llegó al Bages. No obstante, gracias a la habilidad de los viticultores que ya conocían el remedio contra la enfermedad, los viñedos sobrevivieron al replantar las cepas en pie americano. Dada la dedicación que precisaba esta técnica y con ella, el bajo rendimiento económico de las viñas, los jóvenes emigraron a las poblaciones industriales entonces en auge.
Así, sin un relevo generacional, la actividad agraria fue reduciéndose cada vez más, llegando el momento más crítico para la viticultura entre los años 1930 y 1940 cuando las viñas fueron arrancadas para ser reemplazadas por cultivos fáciles de mecanizar o simplemente abandonadas y el bosque las fue ocupando.
Pero la demanda de  vinos de calidad, la mejora y modernización en las técnicas de cultivo y en la elaboración de vino a partir de los años 60 y la posterior aparición de los consejos reguladores y las denominaciones de origen, propiciaron que un colectivo de viticultores siguiera apostando por el cultivo de la vid culminando en la creación de la Denominación de Origen Pla del Bages en el año 1995, con siete bodegas adscritas inicialmente a la denominación.
Actualmente la denominación ampara la elaboración de 27 municipios y cuenta con aproximadamente 600 hectáreas dedicadas al cultivo de la vid, de las cuales el 80% es de variedades tintas y el 20%, de uva blanca.
Las variedades autorizadas son Macabeo, Parellada, Picapoll blanco, Chardonnay, Sauvignon blanco y Gewürztraminer para la elaboración de blancos, y Sumoll, Picapoll tinto, Mandó, Garnacha, Ull de Llebre, Merlot, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Syrah para la elaboración de tintos.
La denominación, caracterizada por ser una zona cuyas condiciones respetan la tipicidad de cada una de las variedades, apuesta por la recuperación de las variedades autóctonas -Picapoll, Sumoll, Mandó - para ayudar a consolidar el particular perfil de sus vinos.
Los blancos producidos en la región, están marcados por la frescura, una fuerte presencia de frutas ácidas, los sutiles aromas a flores blancas y notas balsámicas. Suelen ser ligeros, marcados por un buen núcleo ácido.
En los tintos, igualmente marcados por las notas balsámicas de la vegetación que rodea los viñedos, tienen gran potencia, con buena estructura que, a pesar de su concentración, son vinos elegantes y frescos.
La denominación también ampara la elaboración de rosados.